Tras el final de la guerra, el Auditorio Público fue expropiado temporalmente por las tropas de ocupación y solo se permitía su uso durante el día. Con la devolución del edificio y la reanudación plena de sus funciones, Tokio comenzó a avanzar en su proceso de reconstrucción, y el interés de los ciudadanos por las actividades culturales creció notablemente. Surgieron numerosas organizaciones dedicadas a la difusión de la música y las artes escénicas, como el Teatro de los Ciudadanos, la TOKYO Ro-On y el Centro de Cultura Musical.
El incremento de solicitudes de uso del auditorio por parte de estas asociaciones, así como de emisoras de radio, periódicos y agencias musicales, obligó a los responsables del recinto a idear métodos para decidir los turnos de uso. Inicialmente, se organizaron sorteos en el propio escenario del Auditorio Público, a los que en ocasiones asistían hasta 500 personas. Al principio utilizaron métodos tradicionales como kanze-yori, luego amida-kuji y después urna cuadrada de madera con canicas, pero a medida que aumentaba el número de solicitudes, estos métodos resultaron insuficientes, así que pidieron prestada una máquina de sorteos al entonces Banco Industrial de Japón, diseñada originalmente para los sorteos de la lotería nacional.